
Con profundo dolor y entre lágrimas, la familia de Orangelina de la Caridad Peña Ramos recibió su cuerpo en Venezuela, donde fue sepultada tras fallecer en el colapso del techo de la discoteca Jet Set.
El velorio se realizó en su hogar en Ocumare del Tuy, Estado Miranda, rodeado de flores, recuerdos y el dolor de una pérdida inesperada que ha marcado a toda la comunidad.
La joven es una de las 14 ciudadanas venezolanas que perdieron la vida en el trágico derrumbe, según confirmó el medio digital Merey Digital.
La plataforma de noticias 2001 también reportó su fallecimiento, recordando además a Fabiana y Fabiola Rodríguez, dos hermanas venezolanas que también murieron durante el colapso del popular establecimiento nocturno.
En redes sociales, el padre de las hermanas Rodríguez expresó un mensaje de agradecimiento por el respaldo recibido, en medio del difícil momento que atraviesan.
“Espero tener a mis hijas de pronto”, escribió, acompañado de palabras de gratitud: “No tengo palabras para agradecerles, en medio de este sufrimiento”.
El mensaje iba dirigido especialmente a la comunidad internacional del Estado Lara, que ha brindado apoyo ante la tragedia.
El colapso del techo de la discoteca Jet Set ocurrió la noche del 8 de abril, mientras se celebraba un evento artístico, y dejó un saldo de 232 fallecidos y 188 personas heridas, de acuerdo con cifras oficiales ofrecidas por las autoridades dominicanas.
La discoteca, fundada en 1975 y conocida por su trayectoria en la vida nocturna de Santo Domingo, se convirtió en el centro de una de las emergencias más graves registradas en el país en los últimos años.
Las investigaciones preliminares indican que la tragedia fue consecuencia de fallas estructurales agravadas por un incendio ocurrido en el año 2023.
Estos daños habrían comprometido seriamente la estabilidad del inmueble, provocando el derrumbe en medio de la multitud que asistía al evento.
Los operativos de rescate se extendieron por más de 48 horas, finalizando el 10 de abril.
Cada cuerpo recuperado representaba una vida truncada, como la de Orangelina, quien ahora descansa en su país de origen, envuelta en el cariño de su familia y en el llamado a la justicia que se extiende desde Venezuela y República Dominicana.


