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“Si no puedo con él, nos quedamos los dos”: Liz logró sacar a su esposo

18 de agosto de 2026

Buga, Valle del Cauca, Colombia.— Entre las numerosas historias de solidaridad y supervivencia que siguen conociéndose después del devastador terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto de 2026 en Colombia, el testimonio de una mujer identificada como Liz ha comenzado a conmover a miles de personas. La manicurista contó cómo logró sacar de su vivienda a su esposo, quien utiliza una silla de ruedas y no podía evacuar por sus propios medios.

El terremoto sorprendió a la pareja mientras se encontraba en Buga, Valle del Cauca. Ante la intensidad del movimiento, Liz comprendió que necesitaban abandonar el lugar rápidamente, pero enfrentaba una dificultad adicional: su esposo tiene movilidad reducida y necesitaba asistencia para salir.

Sin tiempo para preparar una evacuación convencional, Liz comenzó a buscar la manera de moverlo. Según su propio relato, terminó sacándolo “al tun, tun”, expresión con la que describió la forma improvisada en que consiguió trasladarlo durante aquellos segundos de emergencia.

En medio del temor, la mujer asegura que tomó una decisión: no abandonaría a su esposo.

“Yo pensé: si no puedo con él, nos quedamos los dos”, relató Liz al recordar lo ocurrido.

La pareja finalmente consiguió ponerse a salvo. El relato comenzó posteriormente a circular ampliamente en redes sociales, donde numerosas personas destacaron la determinación de la mujer durante la emergencia.

La historia tiene además un antecedente que Liz decidió compartir. La mujer explicó que su esposo ya utilizaba silla de ruedas cuando ambos se conocieron. Su condición de movilidad, aseguró, nunca representó un impedimento para enamorarse de él y posteriormente aceptar compartir sus vidas.

Años después, aquella relación quedó frente a una situación extrema. Durante el terremoto, la prioridad para Liz no fueron los objetos que pudieran permanecer dentro de la vivienda, sino conseguir que ambos pudieran salir.

Su testimonio también pone sobre la mesa una realidad especialmente importante durante terremotos, incendios y otras emergencias: las dificultades adicionales que enfrentan las personas con movilidad reducida cuando es necesario realizar una evacuación inmediata.

Escaleras, puertas estrechas, ascensores fuera de servicio y la ausencia de rutas accesibles pueden convertir una evacuación de pocos minutos en una situación mucho más compleja para una persona que utiliza silla de ruedas.

En el caso de esta pareja, Liz estaba junto a su esposo y pudo ayudarlo. Su decisión permitió que los dos consiguieran superar aquellos momentos y posteriormente contar lo sucedido.

La historia se conoce mientras el Valle del Cauca continúa enfrentando las consecuencias del terremoto del 10 de agosto. Municipios del departamento sufrieron importantes afectaciones. En Roldanillo, por ejemplo, el terremoto dejó dos personas f4ll3c1d4s, más de un centenar de h3r1d0s y miles de viviendas afectadas, mientras numerosas familias permanecen desplazadas de sus hogares.

El relato de Liz, sin embargo, debe manejarse con una precisión importante. Las búsquedas realizadas para esta actualización permiten localizar el testimonio original reproducido en redes sociales, pero todavía no aparece una fuente periodística o institucional independiente que publique los nombres completos de Liz y de su esposo.

Por esa razón, no es responsable inventar apellidos ni atribuirle a su esposo un nombre que no haya sido confirmado. Hasta ahora, la protagonista aparece identificada públicamente como Liz, manicurista de Buga, mientras la identidad completa de su pareja no está establecida en las fuentes verificables localizadas.

También conviene diferenciar su historia de otro testimonio que circula actualmente en Colombia: el de un joven que utiliza silla de ruedas y agradeció públicamente a su madre y a su hermano por ayudarlo durante el terremoto. Ese es otro caso, difundido separadamente, y no debe mezclarse con el relato de la pareja de Buga.

Para Liz, lo ocurrido terminó convirtiéndose en una demostración de la promesa que había asumido mucho antes del terremoto. Conoció a su esposo cuando él ya utilizaba una silla de ruedas, decidió construir una vida a su lado y, cuando llegó una emergencia que exigía actuar en segundos, decidió que no saldría dejándolo atrás.

“Si no puedo con él, nos quedamos los dos”.

Finalmente no tuvieron que quedarse.

Los dos lograron salir.

En medio de una semana marcada por historias de p3rd1d4s, rescates y comunidades enteras intentando reconstruirse, el caso de Liz y su esposo se ha convertido en uno de los relatos de esperanza surgidos después del terremoto: una mujer enfrentándose a una situación para la que probablemente nunca estuvo preparada y encontrando la manera de proteger a la persona con quien decidió compartir su vida.


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