La Guaira, Venezuela.— Casi dos meses después de los terremotos del 24 de junio de 2026, Juan Carlos Chaparro continúa regresando a las ruinas del edificio Bahía Mar, en Los Corales, con un único propósito: encontrar a su hija Ainhoa Chaparro Herrera, de 9 años, quien permanece d3s4p4r3c1d4 desde el día del desastre.
El paso de las semanas no ha conseguido apartarlo del lugar. Entre montañas de concreto, piedras y cabillas, el padre sigue buscando cualquier indicio que pueda conducirlo hasta la pequeña, aun cuando reconoce que comprende el difícil escenario al que se enfrenta.
“Le pido a Dios que me dé una luz, una pista de dónde está”, expresó Chaparro al hablar sobre la búsqueda.
Su testimonio comenzó a circular ampliamente durante agosto y mostró la determinación de un padre que se niega a abandonar las ruinas sin obtener una respuesta.
Los registros ciudadanos creados después del terremoto también mantienen a la niña entre las personas pendientes de localizar.
Uno de ellos registra su nombre como Ahinoa Anneire Chaparro Herrera, mientras otras publicaciones utilizan Ainhoa Chaparro Herrera; ambas referencias corresponden a una menor vinculada con Bahía Mar.
Ainhoa se encontraba en el complejo residencial de Bahía Mar, en Los Corales, cuando ocurrió la emergencia.
Junto a ella estaba su madre, identificada en los registros de búsqueda como Oriana Herrera, quien igualmente permanece reportada como d3s4p4r3c1d4.
Otro registro ciudadano ofrece el nombre Oriana Sofía y señala que tenía 33 años cuando ocurrió el terremoto.
La misma ficha establece que estaba en el edificio Bahía de Mar, en Caraballeda, acompañada por su hija Ainhoa Chaparro durante la tarde del 24 de junio.
Es importante precisar que estas plataformas fueron creadas para reunir información aportada por familiares y ciudadanos después del desastre. No sustituyen los registros oficiales de las autoridades, pero permiten comprobar que Ainhoa y Oriana continúan apareciendo públicamente entre las personas buscadas.
El edificio Bahía Mar quedó gravemente destruido por los movimientos sísmicos.
La magnitud del c0l4ps0 convirtió la localización de quienes permanecían dentro en una tarea extremadamente compleja, debido a las grandes cantidades de material acumulado en el terreno.
Juan Carlos ha explicado que no conoce el punto exacto donde podría encontrarse su hija.
Esa incertidumbre lo obliga a observar y revisar una extensión considerable de 3sc0mbr0s, esperando encontrar algún elemento que le indique dónde continuar.
A pesar de ello, el padre mantiene una frase que se ha convertido prácticamente en su manera de afrontar cada jornada: “Sé que la voy a encontrar”.
Para él, marcharse significaría abandonar la posibilidad de darle a su hija la despedida que considera que merece.
La maquinaria utilizada inicialmente para retirar grandes cantidades de material ya no representa para Juan Carlos la misma posibilidad de búsqueda de las primeras semanas.
Por eso, su testimonio ha llamado la atención sobre las familias que todavía esperan localizar a seres queridos casi dos meses después del desastre.
El padre también reconoce que, debido al tiempo transcurrido, comprende cuál podría ser el desenlace. Su esperanza ya no está planteada únicamente alrededor de encontrar a Ainhoa con v1d4, sino de poder localizarla y darle una cristiana s3pult4r4.
“Sé con lo que me voy a encontrar, pero de aquí no me voy sin ella”, manifestó durante uno de los testimonios difundidos desde las ruinas. La frase refleja cómo la búsqueda ha cambiado con el paso de los días sin que haya desaparecido su determinación.
La situación de Ainhoa forma parte de una realidad mucho más amplia en Bahía Mar. Los registros ciudadanos consultados incluyen numerosas personas relacionadas con ese mismo complejo residencial que todavía aparecen como d3s4p4r3c1d4s.
Entre ellas figuran Antonio José Cabrera Meneses, Tony Cabrera, Alonso Cabrera, Yurbis Durán, Natalia Ancheta, Fiorella Ancheta, Andrés Gregorio Azuajes, Maxiori Sirine González, Samuel Andrés Azuajes, Mia Isabel Azuajes, Aura Isabel Serrano Romero, Félix Urbano, Ana Monsalve y Blanca Morales, además de otras personas asociadas a sectores cercanos.
La presencia de tantos nombres vinculados a Bahía Mar permite dimensionar las dificultades que todavía enfrentan algunas familias. No obstante, la condición individual de cada persona debe ser confirmada oficialmente antes de afirmar que continúa bajo los 3sc0mbr0s o establecer un desenlace.
En el caso particular de Ainhoa Chaparro Herrera y Oriana Herrera, las bases de búsqueda consultadas todavía las mantienen pendientes de localización. Hasta esta actualización no aparece una confirmación pública fiable que permita afirmar que madre e hija hayan sido encontradas.
Para Juan Carlos Chaparro, cada día transcurrido representa otra jornada sin poder cerrar la búsqueda. Su objetivo se ha vuelto sencillo de explicar, aunque extremadamente difícil de alcanzar: localizar a su hija y poder despedirse de ella.
La historia también muestra una de las consecuencias menos visibles de una tr4g3d14 de esta magnitud. Cuando terminan las grandes operaciones de rescate y disminuye la atención pública, quedan familias que todavía necesitan respuestas sobre dónde están sus seres queridos.
Casi dos meses después del terremoto, Juan Carlos continúa regresando al mismo lugar donde vio desaparecer buena parte de su vida familiar. Frente a los restos del edificio, sigue buscando una señal entre toneladas de concreto.
Por ahora, Ainhoa Chaparro Herrera, de 9 años, continúa registrada como d3s4p4r3c1d4, al igual que su madre, Oriana Herrera. Y mientras no exista una confirmación diferente, su padre mantiene la promesa que ha repetido desde las ruinas de Bahía Mar: no marcharse sin encontrar a su pequeña.


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