
París.- Ministros y responsables de cuestiones digitales en los países del G7 se reúnen este viernes en París, en preparación de la cumbre del 15 al 17 de junio, para tratar de avanzar en la protección de los menores en línea y en unas reglas comunes ante el desarrollo de la inteligencia artificial.
Francia, que ejerce este año la presidencia del G7, pretende que este encuentro de los siete países más ricos sirva para «reforzar la cooperación internacional y promover principios comunes para un entorno digital más seguro para los menores, para nuestros niños, para los adolescentes y más en general para los grupos de población frágil».
Este fue uno de los puntos destacados por la ministra delegada francesa de la Inteligencia Artificial y de la Economía Digital, Anne Le Hénanff, que en vísperas del encuentro quiso destacar las iniciativas que su país ha ido tomando en los últimos meses, en particular su voluntad de prohibir las redes sociales a los menores de 15 años.
Para Le Hénanff, el hecho de que los otros seis países del G7 hayan aceptado una ministerial específica sobre esta cuestión muestra que «se ha convertido en un tema central en todas las democracias».
Esa cuestión debería figurar en la declaración final que se espera que suscriban todos al final de la cita de París, en la que habrá que escrutar las ausencias de otras cuestiones que enfrentan profundamente a los miembros de ese grupo, y en particular a Estados Unidos, que alberga a los gigantes del sector.
Más allá de una intención general de «hacer progresar los estándares comunes» que es la primera gran prioridad, Francia también va a poner encima de la mesa la necesidad de «una adopción responsable, eficaz y accesible de las tecnologías digitales».
Se trata, en palabras de la ministra, de que sirvan como «un factor de progreso, de innovación y de libertad», pero eso a su parecer exige en paralelo unas «reglas» que permitan «proteger, no impedir u obstaculizar la libertad, pero sí proteger a la población».
Eso incluye tomar medidas para que las redes sociales o la inteligencia artificial no se conviertan en instrumentos de manipulación o de falsificación de la información fuera de control que amenacen, por ejemplo, las elecciones, y por tanto las bases de la democracia.
Uno de los temas de fricción evidentes entre Francia y la potencia hegemónica en el negocio digital y en la inteligencia artificial que es Estados Unidos tiene que ver con las normas de resiliencia y de sostenibilidad medioambiental que París querría que se establecieran.
Su argumento es que sus infraestructuras tienen cada vez un carácter más crítico, y por eso deben ser particularmente robustas y al mismo tiempo respetuosas con los desafíos medioambientales, teniendo en cuenta por ejemplo que los centros de datos que proliferan de la mano de la inteligencia artificial son grandes consumidores de energía y de agua.
