
El joven Wilber Ramón Sosa dejó de existir tras padecer una afección pulmonar que terminó con su vida. Su pérdida ha generado tristeza e incredulidad entre las personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo en la comunidad.
Wilber no representaba a un joven común y corriente en su entorno social. Durante la pandemia del COVID-19, cuando las calles permanecían desiertas y el temor dominaba cada espacio urbano, él consiguió provocar sonrisas en los habitantes de Higüey.
Su hazaña consistía en recorrer las principales avenidas de la ciudad montado sobre su extraordinario invento personal. Se trataba de una bicicleta que superaba los 7 pies de altura, completamente construida con sus propias manos y herramientas disponibles en su hogar.
La creatividad y el coraje demostrados por este joven lo transformaron en un verdadero símbolo de esperanza para su comunidad. Su presencia representaba la creatividad humana durante los momentos más complicados que vivió la sociedad dominicana en años recientes.

Los vecinos del sector Nazaret lo recordaban con especial cariño y afecto genuino. En esta zona residencial, Wilber siempre logró destacarse por su personalidad carismática y su actitud permanentemente alegre que contagiaba a quienes lo rodeaban diariamente.
La partida de este joven inventor ha dejado a varios hijos en condición de orfandad completa. Además, todo un barrio se encuentra atravesando un período de luto colectivo por la pérdida inesperada de quien consideraban una figura especial.
Su legado permanece vivo a través del recuerdo de esa bicicleta gigante que fabricó durante la cuarentena. El ingenio demostrado en su construcción artesanal continúa siendo motivo de admiración entre los residentes de Higüey y sus alrededores.
Las condolencias más sentidas se extienden hacia su familia directa, sus amigos cercanos y toda la población de Higüey. La comunidad entera experimenta dolor por la pérdida de quien supo alegrar los días más difíciles con su invento único.
